Este blog nace para contar la historia de los pueblos de la comarca de Torrijos a través de imágenes y microrelatos.

domingo, 26 de marzo de 2017

GERINDOTE. SEGUNDA REPÚBLICA





PRIMER BIENIO REPUBLICANO EN GERINDOTE (1931-1933)



El cambio de régimen que todos añoraban se realizó sin grandes traumas en Gerindote. Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 significaron el fin de la monarquía de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República en España. Esta convocatoria electoral se convirtió en un verdadero plebiscito acerca del régimen político: monarquía o república; algo que en principio no estaba previsto. Los monárquicos sufrieron una fuerte derrota en las ciudades, pero no en las zonas rurales. En realidad, en los pueblos pequeños las elecciones no tuvieron un marcado cariz político, sino más bien administrativo. De ahí que en muchos ayuntamientos los concejales fueran nombrados por el artículo 29 de la ley electoral. Se presentaban igual número de candidatos que de concejales correspondían al municipio y ya no era necesario votar
          La población de Gerindote vivió la proclamación de la II República con gran expectación y la bandera tricolor ondeó en un ayuntamiento que, durante las primeras semanas, fue gobernado por un terrateniente monárquico: Juan Francisco Sánchez de Rivera.
El último alcalde del reinado de Alfonso XIII,  Valentín Rodríguez Gómez Olmedo, junto con sus hermanos, Sebastián y Federico, se presentaron a las elecciones del 12 de abril de 1931 en compañía de los mayores hacendados de la localidad, entre ellos el señor Sánchez de Rivera.
Estos viejos dinásticos tenían como únicos  rivales políticos a la candidatura republica-socialista que, después de tantos años de dictadura, también aspiraban a aproximarse a la Corporación. Pero sus líderes, Cipriano Gutiérrez y Adrián Rodríguez Calvo, eran aún inexpertos. Ignoraban los entresijos de la política municipal porque durante la anterior etapa absolutista no tuvieron oportunidad de acceder al Ayuntamiento.   Pero, como en tantos pueblos de la provincia, no se celebraron elecciones y los candidatos se trasformaron en concejales. Al ser los conservadores mayoría designaron como alcalde a Juan Francisco Sánchez de Rivera.(1)
          Pero el día 20 de abril de 1931, el gobernador publicó en el Boletín Oficial de la Provincia la siguiente notificación:

 Según instrucciones recibidas del Gobierno de la República, ante las protestas y reclamaciones formuladas, en las localidades toledanas donde se hayan falseado las elecciones municipales, deberán ser impugnadas antes del día 25 de los corrientes, acompañado los medios de prueba en que se fundamente la misma.

          En más de setenta localidades toledanas que impugnaron el resultado, se repitieron elecciones el día 31 de mayo de 1931. La izquierda gerindotana no estuvo atenta a los plazos establecidos, o por cualquier otro motivo, no formularon la preceptiva alegación para repetir los comicios. Por ello siguió como alcalde el señor Sánchez de Rivera, aunque su efímero mandato duraría sólo unas semanas.
          El 27 de junio de 1931, el primer mandatario municipal fue obligado a dimitir ante la presión  de la Sociedad Obrera La Unión, a cuyo frente se encontraba el moderado socialista Cipriano Gutiérrez Martín, quien sería su sustituto. Al igual que su antecesor, ninguno de los dos fue elegido democráticamente por el pueblo. (2)
          Este extemporáneo cambio de alcalde reflejaba el sentir de la población, en su mayoría jornaleros del campo. Sin embargo, las maneras empleadas por estos obreros para provocar su renuncia, empuñando hoces y bieldos en la puerta del domicilio del primer edil, sólo son entendibles desde el convulso contexto histórico en el que se produjeron.
 Gerindote era un pueblo, como la mayoría de la provincia, con grandes desigualdades económicas y altas tasas de analfabetismo. Estas disparidades sociales alimentaron el resentimiento de los más pobres dedicados al trabajo temporal en el campo, con graves problemas de subsistencia y con 400 de ellos en paro. Una tierra, en su mayoría, propiedad de aristocráticas familias forasteras que sólo pasaban por Gerindote para buscar ojeadores para sus cacerías. También el primer edil saliente, perteneciente a la adinerada familia Sánchez Rivera, era titular de la extensa finca La Casa Nueva. Y un pariente de éste, Eduardo Díaz Prieto, presumía “de que montado en su caballo podía desplazarse desde Gerindote hasta Albarreal de Tajo sin atravesar otras fincas que no fueran de su propiedad”.(3)
En Gerindote la propiedad de la tierra marcaba las diferencias sociales. En esta localidad un 71% de la población (2.129 habitantes en 1930) trabajaba para la agricultura y ganadería, y  un 61,5% era mano de obra asalariada. Un jornalero con azada ganaba cinco pesetas diarias (aproximadamente lo que costaba una arroba de garbanzos). La legislación republicana trató de paliar este problema.
          La República promulga las primeras normas de su Reforma Agraria con la finalidad paliar esta desigual distribución de la tierra. El decreto de Arrendamientos Colectivos, de mayo de 1931, es acogido en Gerindote con la esperanza de dar solución al  desempleo. Acogiéndose al mismo, el Ayuntamiento acuerda en pleno el arrendamiento de las fincas La Dehesilla, propiedad del duque de Teba; Azoberín, cuyo titular era Caslos F. Falcó Stuart, duque de Peñaranda y otras de Arturo Taramonas. Se hicieron lotes de 30 fanegas, además de una yunta de mulas y aperos, para que fueran explotadas por setenta trabajadores pertenecientes a la Sociedad Obrera. Esta experiencia comunitaria se mantuvo hasta 1936, a pesar de que en 1934 existió una Corporación presidida por Pedro Rivera, de signo político contrario.(4)
          El máximo mandatario municipal, Cipriano Gutiérrez, bajo cuyo gobierno se potenciaron estos avances laborales fue un gran impulsor de la reforma agraria en la villa, que tanto favoreció a los braceros del campo. Pero éste prudente alcalde, propietario de clase media, antiguo miembro del Somatén, católico y padre de diez hijos, pronto se vería sobrepasado por los vertiginosos cambios que la República iba impulsando.
Los jornaleros de la Sociedad Obrera, y sus dirigentes, a cuyo frente ya se encontraba Adrián Rodríguez,  querían una perfecta sincronización entre ésta y la Corporación municipal. Y sobre todo desean eludir al secretario titular del Ayuntamiento, Manuel Ipola, de ideología política contraria. Sin embargo, Cipriano no era de esa opinión. Quería evitar, sin conseguirlo, por ello presentó su dimisión, que las decisiones municipales se tomaran en el Ayuntamiento y no  en la sede de la Casa del Pueblo, a pesar del estorbo que para todos suponía la presencia del secretario derechista.(5)
          Tenía Adrián Rodríguez 48 años y ocho hijos a los que alimentar cuando llegó a la alcaldía de Gerindote a finales de 1932. Este obrero del campo, socialista convencido, era el líder indiscutible de la izquierda gerindotana. Pero el talante moderado y pacificador del nuevo primer edil no pudo evitar pequeños enfrentamiento que El Castellano, narraba así:
         
“El vecino de Gerindote José Marugán Rivera ha denunciado a la Guardia civil que cuando iba a trabajar a la finca La Casa Nueva fue coaccionado por sus paisanos. Éstos, Juan Rivera Garoz, Críspulo Pulido Molina, Clemente Rodríguez Rodríguez, Julián Béjar Ceneda y Carlos González Calvo fueron detenidos por apalear al denunciante. Se afirma que los promotores del hecho son los dirigentes de la Sociedad  Obrera. Todos estos incitaban a proceder contra los obreros que se negaban a asociarse a la misma, como en el presente caso”. (6)
La explicación a este suceso debemos buscarla en el decreto de Arrendamiento Colectivos que el Ministro de Trabajo, Largo Caballero, promulgo para intentar atajar el problema agrario. Se establecía que las Sociedades Obreras legalmente constituidas podían concertar un contrato de arrendamiento colectivo.  A la vista de la citada norma, el obrero agrícola ya tenía otra obligación más, la de afiliarse a las Sociedades Obreras para poderse beneficiar de aquella. Esta fue una leyenda negra que siempre persiguió a Largo Caballero durante el primer bienio republicano, que atribuía a sus reformas el propósito de favorecer a la UGT y hacer del sindicato socialista una agencia de colocación encubierta.
En el año 1932, otra manifestación obrera acabó en la plaza de Gerindote, frente a la fachada del caserón del derechista Pedro Vázquez. Éste, junto su hermano Avilio, se parapetaron con armas de fuego en sendas ventanas para amedrentar a los manifestantes que, pertrechados con bieldos y hoces, arrojaban piedras a la fachada de su vivienda. Como hubo un herido leve, los autores fueron detenidos y, andando, conducidos por la Guardia Civil hasta Torrijos, ante la alegría de los huelguistas.(7)
          Otras veces eran los patronos quienes provocaban los conflictos. El gobernador de Toledo, en enero 1932, propuso la imposición de una multa de 1.000 pesetas a varios propietarios de Gerindote por desobedecer un acuerdo sobre jornales aceptado por la representación patronal. Los sancionados eran: el ex alcalde Juan Francisco Sánchez de Rivera, Dorotea Navarro, Eusebio Martín, Lucio Rodríguez, Epifanio Díaz, Dionisio Rodríguez, Abilio Vázquez y Santiago Vázquez. El conflicto debió solventarse amistosamente tras una visita de patronos y obreros al gobernador civil, y el periódico El Castellano imputó la controversia “a las restricciones perturbadoras del decreto de Términos de 28 de abril. (8)
(8) Periódico El Castellano, edición de fecha   30 abril-1932.


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(1) Libro de actas del Ayuntamiento de Gerindote (sesión 16 abril 1931)
                      (2) Libro de actas del Ayuntamiento de Gerindote (sesión 27 junio 1931). Existe una hoja suelta grapada al libro, firmada por el cesante, que recoge la obligada dimisión.
 Testimonio del vecino nonagenario Eugenio Ruano Camarena: “La mayoría de los gerindotanos eran de izquierdas y no querían a un alcalde de derechas. Todo culminó un día en el que un gran número de personas, en tono poco pacífico, se concentraron en la casa que el alcalde monárquico tenía en la misma plaza. Salió asustado de su domicilio y personalmente entregó el bastón de mando a los cabecillas de la manifestación. Después fue a firmar su dimisión al Ayuntamiento”. Entrevista realizada el 26 de mayo de 2009.
(3) Esta frase pronunciada repetidas veces por Eduardo Díaz Prieto, acuñada en la memoria de las personas más ancianas de la villa, ha sido transmitida por éstas a sucesivas generaciones.
(4) GONZÁLEZ CALLEJA, Eduardo.  Pregón de Fiestas de Gerindote. Año 2004.
(5)   Libro de actas del Ayuntamiento de Gerindote.  Existen varias observaciones, transcritas al libro de actas por el citado secretario, en la que sugería a los miembros de la Corporación que deberían diferenciar las competencias de ésta y las atribuidas a la Casa del Pueblo.(sesiones 25 noviembre 1931; 14 de mayo de 1932).
(6) Periódico El Castellano, edición de fecha   26 septiembre 1933.
               (7) Testimonio de María Robles: “ Los huelguistas hicieron un pasillo a mi novio Pedro y su hermano hasta las afueras del pueblo, camino del cuartel de Torrijos. Los detenidos iban esposados y acompañados por un cabo de la Benemérita, llamado Bonache, recibiendo insultos. Pero como éste guardia era amigo de mi novio, le dijo: “¡Pedro, si se lanzan a por ti, quítame la pistola! Una vez celebrado el juicio, fueron condenados a indemnizar al herido y una pena accesoria”. Entrevista realizada el 16 de junio de 2009.
(8) Periódico El Castellano, edición de fecha   30 abril-1932.






                                  

           

Caño Viejo de Gerindote hacia 1916. Fotografía de Charles Clifford.

lunes, 13 de febrero de 2017

AGUSTIN RIBERA CEBOLLA. ALCALDE TORRIJOS.




Agustín Ribera Cebolla.


MÁS DATOS BIOGRÁFICOS SOBRE AGUSTÍN RIBERA CEBOLLA(ALCALDE DE TORRIJOS). 


                       

            Agustín Ribera Cebolla(1881-1944)




            El 13 de febrero de 1881, a las 3 horas, nace en Sueca(Valencia), Agustín Ribera Cebolla, hijo de Salvador Ribera Marqués y de Josefa Mª Cebolla Marqués. En este mismo día recibe el bautismo de manos de su tío, hermano de padre, Gordiano Ribera Marqués, beneficiado decano del clero parroquial.(1)
            Se doctora en Medicina y el 24 de junio de 1910 contrae matrimonio, en la parroquia de Torres Torres(Valencia), con Concepción Conde Barea, de cuya unión solo nace la pequeña Ana María Ribera Conde, pero no llega a Torrijos hasta el año 1922 para ocupar la plaza de médico, que comparte con su compañero y amigo, José Fiscer Barbeyto. Por estas fechas, en 1925, su hermano Miguel Ángel Ribera Cebolla fue alcalde de Sueca, bajo la Dictadura de Primo de Rivera.
            En ésta localidad toledana trabaja activamente por mejorar las condiciones higiénicas y sanitarias, promoviendo la creación de la Sociedad de Socorros Mutuos "La Humanitaria Torrijeña", de la cual fue presidente, e inaugura el local social el 25 de julio de 1930, en cuyo acto se entrega a los socios un ejemplar de la Cartilla Social Humanitaria. También fue el impulsor de las Escuelas de Párvulos, cuyo inmueble se conserva todavía frente al actual cuartel de la Guardia Civil.(2)
            En las elecciones municipales de abril de 1931 es elegido alcalde por la candidatura republicano-socialista, afiliándose más tarde al partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana. Para evitar reiteraciones, omitimos el resto de datos biográficos durante el periodo republicano por está ya desarrollados en el libro "Torrijos 1931-1944. La Guerra Civil".(3)
            El 25 de julio de 1939, una vez terminada la contienda, llega Ribera Cebolla detenido a Torrijos para ser encarcelado en la prisión local de la calle Eras de San Francisco. De aquí salé esposado para prestar su primera declaración frente a un juez militar, ante los insultos y amenazas de muertes de una muchedumbre que le increpaba en su tortuoso camino a pié hasta la sede del juzgado.
            La esposa e hija del galeno recurren a la curia diocesana de Valencia para que interceda ante los tribunales militares. La iglesia, a través del vicario general de Arzobispado, Antonio Rodilla Zanón, remite un escrito lacrado y sellado al juzgado afirmando: " El doctor Ribera Cebolla residió toda la guerra en Valencia y Torres Torres, con su esposa e hija, pacíficamente y sin destino, ni cargo o sueldo alguno. Hizo obras de caridad y visitó a los pobres de forma gratuita, además de vender toda su hacienda familiar en Torres Torres para atender a sus necesidades. Digno es don Agustín, médico inteligente y en alto grado caritativo, de que se tenga en cuenta cuanto digo al juzgarle. Y lo pido, ruego y suplico en nombre de Jesucristo. Valencia del Cid, 29 de diciembre de 1939".(4)
            Los intentos de suspender la ejecución de pena de muerte resultaron infructuosos y es fusilado en la cárcel madrileña de Santa Rita el 23 de agosto de 1944. En principio, fue condenado injustamente a 30 años de reclusión en el año 1940, pero la sentencia fue revisada bajo la presión popular de más de 100 vecinos torrijeños que firmaron un manifiesto. Con este inculpatorio escrito, precedido de un pregón voceado por las calles de la localidad, se  consiguió una nueva resolución judicial de los tribunales militares que sentenciaron al médico a la pena capital.(5)
             Se estaba cometiendo la tropelía de imputar a Ribera Cebolla  todo tipo de acusaciones ideológicas, entre ellas la pretendida responsabilidad moral de haber constituido un mal ejemplo a las "masas incultas" que después asesinarían al cura Liberio y otros derechistas locales. Triste paradoja para un alcalde que durante su mandato fue protegido por el Arzobispado de Toledo y a quien sus primos sacerdotes Julián, Gordiano y Romualdo Ribera Puchol, fueron también asesinados en Valencia el 26 de septiembre de 1936. Estos clérigos tienen incoado desde el año 2011 un expediente de beatificación ante el Vaticano.(6)

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(1) Archivo parroquial de San Pedro Apóstol de Sueca(Valencia).Bautismos 1879-1881, nº 92, folio 449 vuelto.
(2) Morales Gutiérrez, Juan Antonio: Torrijos 1931-1944. La Guerra Civil. Autoedición, Toledo, p. 15.
(3) ) Morales Gutiérrez, Juan Antonio: Torrijos 1931-1944. La Guerra Civil. Autoedición, Toledo, p. 32.
(4) Archivo General e Histórico de Defensa, sumario 1.232 seguido contra Agustín Ribera Cebolla.
(5) Archivo General e Histórico de Defensa, sumario 3.456 seguido contra Agustín Ribera Cebolla.

(6) Archivo de arzobispal de Valencia. Reverendo Andrés de Sales Ferri Chulio, Director del archivo de religiosidad del Arzobispado de Valencia.
            

sábado, 5 de noviembre de 2016

ACCIDENTE DE ALFONSO XIII EN ESCALONILLA EN EL AÑO 1915.

El rey Alfonso XIII felicitando a Carlos Mitjáns y Fits-James Stuart, hijo de los duques de Santoña, por
su brillante actuación en una cacería en La Ventosilla. Revista Cosmopolis
Fachada del palacio de La Ventosilla, propiedad de los duques de Santoña. Año 1915.
Revista Cosmopolis.
Arriba, Alfonso XIII y esposa con los duques de Santoña y el conde
del Rincón en la finca Ventosilla.  Revista Cosmopolis año 1915.
Alfonso XIII de cacería en los Montes de Toledo. Archivo Rodríguez.
Jardines de la finca Ventosilla, diseñados por el
francés Jean Claude Nicolás en el siglo XIX, con su palacio estilo modernista.
Alfonso XIII con un grupo de asistentes a una cacería en Ventosilla. Revista
"Cosmopolis
"



ACCIDENTE DE ALFONSO XIII CAMINO DE LA VENTOSILLA.-



                El 4 de noviembre de 1915 el rey Alfonso XIII paró el coche que conducía al comprobar que había provocado un accidente tras alcanzar a un campesino a lomos de su burro. El "Eco Toledano" publicaba: " Don Alfonso, al darse cuenta del accidente, paró el coche en plena carretera que une Escalonilla y La Puebla de Montalbán y se apresuró a levantar al viejecito. Con su pañuelo procuró contener la sangre que emanaba en abundancia de las heridas causadas; le hizo subir al automóvil que ocupaba también la reina, quien le entregó un donativo de 100 pesetas".
              La Ventosilla aún conserva ese palacio de estilo modernista y sus jardines diseñados por el paisajista francés Jean Claude Nicolás Forestiere a finales del siglo XIX. En ella se construyó una de las primeras pistas de tenis de la provincia de Toledo y dispuso de linea telefónica desde La Puebla de Montalbán, según narró el periodista Enrique Sánchez Lubián en el diario ABC-Toledo de fecha 24 de octubre de 2016.(1)

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(1), ABC, 24-10-2016, artículo publicado por Enrique Sánchez Lubián. Esbozos para una crónica negra de antaño.
             



martes, 11 de octubre de 2016

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1934 EN LA PUEBLA DE MONTALBÁN.

Portada del periódico El Sol de 14 de octubre de 1934.

               

 LA REVOLUCIÓN DE 1934 EN LA PUEBLA DE MONTALBÁN.




          Ahora se cumplen 82 años de la Revolución de Octubre de 1934 cuyo objetivo era provocar la caída de un Gobierno conservador legítimamente elegido. El movimiento fue dirigido, planificado y llevado a cabo prácticamente en solitario por el PSOE, con pequeños apoyos en  Toledo por comunistas y anarquistas.
          La huelga en nuestra provincia fue general y el comandante militar de la capital, el coronel Moscardó, publicó bandos declarando el Estado de Guerra y la relación de penas que llevaban aparejadas los delitos de rebelión y sedición, así como los atentados y resistencia contra la autoridad. Como las Sociedades Obreras y las Casas del Pueblo hicieron caso omiso a dichas advertencias, una gran parte de ellas fueron disueltas. Para ello fue necesario enviar un destacamento de tropa, junto a la Guardia Civil, para declarar el Estado de Guerra por varios pueblos de la provincia (Torrijos, Gerindote, Mora, Villa de Don Fadrique, y otros muchos).
          No se produjeron víctimas mortales en la provincia, ni durante las acciones revolucionarias ni en la represión posterior de Moscardó. Las consecuencias fueron desastrosas para socialistas y demás fuerzas de la oposición. La mayoría de los líderes de la izquierda toledana fueron detenidos preventivamente; entre ellos: Domingo Alonso, Virgilio Carretero, Manuel Aguillaume, Santiago Muñoz, Orencio Labrador y Ángel Lara.
          El día 10 de octubre de 1934, en la primera página del periódico El Castellano   titulaba: “Informe del movimiento sedicioso en la provincia “. A continuación realizaba un examen de la situación de orden público y enumeraba los atentados en la provincia. En Toledo, el día 8 de octubre, explotó un petardo en el último tren que llegó a la capital esa jornada. En Talavera, un grupo de sindicalistas y socialistas intentaron que un tren no tomara la salida, pero la Guardia Civil lo impidió y posteriormente clausuró la casa del pueblo. Fueron muchos los toledanos detenidos en aquellos días de octubre que posteriormente fueron juzgados por Tribunales militares, entre ellos el alcalde de Tembleque.(1)
          Pero sin duda fue La Puebla de Montalbán el pueblo más activo de la comarca de Torrijos. Aquí, ya en el mes de mayo, la sociedad obrera El Progreso Agrícola, comunicó formalmente al Ayuntamiento  que “a partir del día 5 de junio  a las 6 horas de la mañana sus miembros declararán la huelga campesina”. Previamente había sido acordada en la Casa del Pueblo y posteriormente publicada mediante pregón autorizado por el Ayuntamiento. 
           Los problemas se agravaron en el mes de agosto cuando el gobernador  cesó a la corporación municipal, salvo a los concejales lerrouxistas que habían votado en contra de los acuerdos ilegales de la huelga de junio, siendo nombrado nuevo alcalde Jesús García Balmaseda del Partido Radical de Lerroux.

          Después, para el día 22 de septiembre, y posiblemente en protesta por los hechos del verano, los partidos de izquierda habían convocado una asamblea en la Casa del Pueblo para tratar otra huelga de campesinos. “Estaba autorizada por el gobernador, y así se comunicó a los vecinos mediante un pregón”., según testimonio del alcalde Santiago Prudencio, facilitado por Alfonso Martín. Después, tras ser desautorizada, no hubo tiempo material para avisar a los obreros que acudieron a la misma. La Guardia Civil se presentó en el Centro Obrero y tomó nota de todos los asistentes. Se detuvieron a 23 personas, con el presidente de la sociedad obrera, Félix Maldonado Ruiz, y el alcalde Santiago Prudencio a la cabeza. Todos ellos fueron juzgados y condenados a 2 meses y un día de cárcel que cumplieron en la prisión de Ocaña. Sin duda, en el ánimo del Tribunal que les juzgo pesaron los sucesos de octubre que acaecieron en toda España días después de su apresamiento. (2)
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(1) El Castellano, de fecha 10 de octubre de 1934.

(2) Martín Díaz-Guerra. La guerra civil en La Puebla de Montalbán.

martes, 20 de septiembre de 2016

LLEGADA DE LAS TROPAS NACIONALES A SANTA OLALLA.


Frente de Maqueda. Artillería nacional haciendo fuego contra el castillo de
Maqueda(TOLEDO). Esta imagen fue portada del ABC sevillano de
fecha 30´09-1936. Foto Serrano


LLEGADA DE LAS TROPAS NACIONALES A SANTA OLALLA EL 20 DE SEPTIEMBRE DE 1936.



La localidad de Santa Olalla quedó casi desierta de habitantes. La mayoría habían emigrado para nunca más volver, sobre todo los que ostentaron algún cargo público o habían participado indirectamente en algún delito de sangre. Otros, incluso de ideología conservadora, simplemente se marcharon ante el temor a los aguerridos moros. Según La Causa General, de 3.078 habitantes que había censados, sólo quedaron 400 para recibir a las tropas nacionales. A ello contribuyó el desánimo de todos  los vecinos, de ambas ideologías, cuando se enteraron de lo ocurrido días atrás en El Casar de Escalona.
          En la retina de aquellas personas que recibieron a las tropas de Yagüe, aquel 20 de septiembre, ha quedado grabado el montón de ruinas a que quedaron reducidas las casas del pueblo, fruto de la batalla aérea librada por aquellas fechas.(11)  
          No hubo fusilamiento o represión inmediata como sucedió en otros pueblos. En Santa Olalla, a pesar de los asesinatos ocurridos semanas atrás, los aguerridos moros no tuvieron con quien saciar sus ansias de venganza, un poco aplacadas ya por los sucesos ocurridos el día antes en El Casar de Escalona. Excepción hecha de una decena de milicianos de la localidad de Belvís de la Jara que pasaban en camión por allí, saludando puño en alto, camino de Madrid. Ignoraban que el pueblo había sido ocupado ese mismo día. El error de los recién llegados les costaría la vida.
          Corresponsales de guerra y periodistas extranjeros acompañaban a las columnas africanas. Uno de ellos, John T. Whitaquer, se ganó la confianza de Yagüe, quien le ayudó a sortear los rígidos controles impuestos a la mayoría de los corresponsales de países democráticos. Solo les permitían llegar al frente una vez concluida la batalla y siempre escoltados por el jefe de prensa de Franco. Pero este redactor debió transmitir por error una noticia equivocada que el prestigioso escritor, Paul Preston ha transcrito en su libro El holocausto español:

Nunca olvidaré el momento en que presencié la ejecución en masa de los prisioneros. Me encontraba en la calle Mayor de Santa Olalla cuando llegaron siete camiones cargados de milicianos. Los hicieron bajar y los amontonaron como a un rebaño. Tenían ese aspecto apático, exhausto y derrotado de los soldados que ya no pueden resistir por más tiempo el vapuleo de las bombas alemanas. La mayoría de ellos llevaba en las manos una toalla o una camisa sucia: las banderas blancas con las que señalaban su rendición. Dos oficiales de Franco les ofrecieron cigarrillos y algunos prisioneros se echaron a reír como niños acobardados al fumar su primer cigarro en varias semanas. De repente, un oficial me agarró del brazo y me dijo: "Es hora de marcharse de aquí". Frente a los amontonados  prisioneros, unos 600 hombres, unos Regulares empezaron a montar sus ametralladoras. Los prisioneros los vieron igual que los vi yo. Temblaron al unísono cuando los que estaban en primera fila, enmudecidos por el pánico, retrocedieron, pálidos y con los ojos desorbitados, aterrorizados.(12)

Pero esta información no es correcta. Las únicas atrocidades que se recuerdan en Santa  Olalla son las ya citadas de El Casar de Escalona, donde el número de muertos en el campo de batalla sí pudo aproximarse a esa cifra de 600 republicanos. Alguien, Preston o Whitaker, debió confundir la localidad y la forma en que ocurrieron los hechos. En la comarca de Torrijos no se tiene constancia de una masacre en masa de esa magnitud.


sábado, 16 de julio de 2016

EL TRIUNFO DE LA CRUZ EN SANTA OLALLA (TOLEDO)

Barreñones de fuego, 15 de julio de 2016
Santa Olalla, 15 de julio de 2016.



LA FIESTA DEL CRISTO EN SANTA OLALLA.

             El día 16 de julio de 1212 se libró la batalla de las Navas de Tolosa, que enfrentaba a las tropas cristianas contra los almohades. Para celebrar esta gesta victoriosa, la diócesis de Toledo instituyó una fiesta conocida como "El Triunfo de la Cruz". Pues bien, Santa Olalla fue uno de los pueblos de la provincia que se  acogió a dicho homenaje.
            Los estrechos vínculos entre don Diego López de Haro (capitán destacado en aquel combate) y Santa Olalla, influyeron en la instauración de la festividad. En las relaciones topográficas de Felipe II, en el año 1576, ya se hablaba de estar festejando el Triunfo de la Cruz en Santa Olalla, "porque don Diego López de Haro, señor de esta villa, fue capitán de aquella victoria...", se decía textualmente. (1)

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(1) MORALES GUTIERREZ, Juan Antonio; " Santa Olalla a mitad del camino", Edición año 2003.


EL TRIUNFO DE LA CRUZ EN SANTA OLALLA (TOLEDO)

Barreñones de fuego, 15 de julio de 2016
Santa Olalla, 15 de julio de 2016.



LA FIESTA DEL CRISTO EN SANTA OLALLA.

             El día 16 de julio de 1212 se libró la batalla de las Navas de Tolosa, que enfrentaba a las tropas cristianas contra los almohades. Para celebrar esta gesta victoriosa, la diócesis de Toledo instituyó una fiesta conocida como "El Triunfo de la Cruz". Pues bien, Santa Olalla fue uno de los pueblos de la provincia que se  acogió a dicho homenaje.
            Los estrechos vínculos entre don Diego López de Haro (capitán destacado en aquel combate) y Santa Olalla, influyeron en la instauración de la festividad. En las relaciones topográficas de Felipe II, en el año 1576, ya se hablaba de estar festejando el Triunfo de la Cruz en Santa Olalla, "porque don Diego López de Haro, señor de esta villa, fue capitán de aquella victoria...", se decía textualmente. (1)

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(1) MORALES GUTIERREZ, Juan Antonio; " Santa Olalla a mitad del camino", Edición año 2003.